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Grafiti. Consérvese hasta la salida

Foto de Tomás Caballero, 2009
Hace ya muchos años que observo esas peculiares imágenes que nos vamos encontrando en los muros y paredes de las ciudades, algunas despegadas, otras emborronadas, otras repletas de nuevas inscripciones, algunas junto a meras pinceladas, pocas desde el primer momento flamantemente perfectas en algún rincón inaccesible al paso de los meses y los años. Todas ellas me han parecido siempre enigmáticas, preciosas, soberbias ante la mirada de quienes en su mayoría pasan desapercibidos ante ellas. Son, desde luego, como otros muchos, testigos mudos de ese paso indiferente de una sociedad que, subida en su velocidad, su generalidad y su convencionalidad especializada, no puede siquiera percibir la existencia concreta y minúscula de aquello que simplemente se expone a su vista y a su paso. Y mucho menos el paso del tiempo junto a ellas.

Foto de Tomás Caballero, 2010

Estas imágenes, quiero expresarlo, tienen una verdadera biografía, una vida que se va desenvolviendo en el tiempo, expuesta a los rigores del clima, el aire, el agua y el roce físico de los paseantes, cuando no de la propia interacción con otros asiduos de la escritura en muros. Como otros, desde luego. Siempre me ha cautivado su soledad, simultánea a su persistencia y a su permanencia, siempre en exposición, día a día, inmune al paso desapercibido de las sociedades generalizadas, de los grupos encorsetados, de los individuos maquillados y uniformados o de las personas disparadas hacia la cumbre de su misión sublime. Continuando en su curso imparable de lenta o accidental descomposición, se exponen sin intenciones, abiertas no obstante a la mirada del curioso. Estas imágenes son una muestra más de lo pequeño, de algo que además no reclama ni siquiera un minuto de existencia, pues ni demandan nacimiento ni defunción, solo se desgastan con el simple ir y venir de los desconchados, de los pintores de fachadas, de las obras y los limpiadores de pintadas. Presas de la indiferencia y del maquillaje urbano.

Foto de Tomás Caballero, 2011

Hoy he querido simplemente dejar aquí reflejadas, en un espacio que nunca será el suyo, unas muestras rescatadas de una imagen que fui siguiendo durante un breve lapso de tres años. El tiempo en que su anónima existencia, y mi circunstancia con la cámara, nos permitieron encontrarnos en el centro de la ciudad en la que desde algún tiempo vivo. Quiero rendir con ella un homenaje a todas las muestras que perviven en los muros de la ciudad, y apostar por el recuerdo tanto de ellas como de los personajes en los que a menudo se desenvuelven.

Vivien Leigh




Ingrid Bergman
  

¿Alguien sabe quién fue el autor de esta bonita imagen, quien grafitó esa imagen en el Raval? ¿Es Ingrid Bergman, Vivien Leigh? Sea quien fuera, un día quise volver a fotografiarla y ya no estaba en su muro de siempre, se la había llevado el tiempo, o el viento. Como a los personajes reales de nuestras películas.

(Hoy, jueves 30 de julio de 2015, me han comunicado que el autor es BTOY)

Dejo aquí mi tributo a esos seres anónimos que desde hace ya bastante tiempo me cautivan, y que siempre adoraré. De ellos intentaré conservar la imagen hasta la salida...




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