lunes, 1 de junio de 2015

Lo anónimo. Misiva a un alter ego invisible



Apreciado alter ego anónimo:

Contacto contigo según lo acordado, pero el tiempo pasa. En realidad, el tiempo es el único testigo de nuestras posiciones, de nuestros escurridizos movimientos y de nuestras sutiles máscaras. 



En principio, no me parece mal intentar establecer una relación de intercambio artístico, intelectual o personal con alguien anónimo. De hecho (ahora y antes), una parte importantísima de lo que recibe quien nos escucha hablar, quien nos lee o quien recibe nuestros detalles es anónima. Y por fuerza, además, en su correspondiente parte de respuesta más o menos silenciosa, cobra también forma anónima, e incógnita. 



Sucede también que tal vez no sea ya tan importante llegar a comunicarse y hacerlo con cierta intensidad, pues es posible que baste ya con trasmitir las intensidades, con lanzar las esperanzas, como en un proceso de relevos, polinización y yuxtaposición de energías. 



Sea como fuere, quiero decirte que creo que tenemos algunas cosas en común, aunque en este momento prefiera no duplicar el anonimato, es decir, no construir un anonimato completo que nos aísle del todo del conjunto. (Prefiero no dar muchas razones de por qué no quiero ser anónimo: la más formal y educada, desde luego, sería que mi aparente falta de anonimato puede reforzar más el tuyo, tu voluntario, decidido y consciente anonimato). Pero la más estable de mis razones es que alguien de los dos debe tener la pierna fuera de la sábana.



En cualquier caso, yo no me siento del todo anónimo... Desde luego, no para ser conscientemente anónimo; este es un gran motivo para permanecer parcialmente visible en mi singularidad, que por supuesto es fragmentaria y parcial.


Respecto a mi relación con el arte, he de decirte que mi trabajo es amateur, autodidacta, sobre todo literario, ensayístico y crítico. Fotografío algo, y he elaborado algún vídeo casero, pero casi no es eso...



Desde luego, comparto con lo anónimo muchas cosas: la intención de no quedar determinado, encorsetado, por el régimen de visibilidad de nuestra sociedad; la necesidad de disponer del mayor grado de energías para continuar adelante, desde una posible indefinición; pero también la de estar abierto a la conexión con lo común más amplia y germinal que da el no tomar partido en corrientes, movimientos o partidos... En el fondo, prefiero permanecer siempre sumando a todos a los que, y en los que, creo. 


Y sobre todo soy fiel a la singularidad, al materialismo encarnado del cuerpo en el territorio, a la resistencia corporal al control, al rizoma, al contacto carnal con la naturaleza viva, al goce, más que al placer. Y estas últimas notas me impiden en este aspecto ser del todo anónimo, tanto como ser nada. 



Me despido, con esto, sin demasiada confianza en que sea posible un encuentro heterogéneo, aunque dejo puestas aquí mis huellas, porque es el rastro el que indica siembre el camino.

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