martes, 6 de noviembre de 2012

Trabajo, poder y control. Episodios críticos (1957-2011). Arte contra la invisibilidad


Allan Sekula. Shipwreck and Workers
Es necesario un naufragio para que caigamos en la cuenta de toda una circulación de mercancías, dinero y poder en estratos que nunca vemos, caso de las plataformas marítimas, los aeropuertos o fronteras, los accesos a las grandes fuentes energéticas y de recursos vitales, los centros de poder empresarial y financiero. Todos ellos constituyen puntos en los que se realizan transacciones económicas y políticas de alto nivel, lugares en que se concentra buena parte de una capacidad de decisión a la que nunca tendríamos acceso. Podríamos hablar de la existencia de fenómenos invisibles, susceptibles de ser trazados en mapas con líneas de soporte físico y determinante, pero de apariencia inmaterial a nuestros ojos.
 
 
Hay una invisibilidad que funciona sin nuestra presencia, superpuesta a nuestra vida cotidiana y sólo cruzada con nosotros en momentos y espacios en que sobreviene algún tipo de accidente, fricción, arruga o colapso, desmontaje de estructuras o pliegue a la espera de limpieza, mientras todo el proceso continúa su curso. Esta visión aérea muestra la plantilla que estructura de hecho todo un conjunto de relaciones que supera de lejos la propia estructura de ciudades, países y territorios geográficos. La invisibilidad de estos circuitos no es, por tanto, ni mucho menos independiente, sino que traza relaciones en nuestra vida y nos condiciona, determina, constituye y, en último extremo, desplaza. Sólo nos encontramos cara a cara con ella en los nudos críticos antes mencionados; el resto del tiempo tenemos esos circuitos en la espalda, por así decirlo.
 
Dibujo en instalación de Andreas Siekmann
Las consecuencias de todo esto son evidentes en el mundo de la vida, del trabajo, en los accesos a materias o bienes básicos como la salud, el agua, la energía e incluso el aire que respiramos. De modo que su constitución no está sujeta a una gran posibilidad de resistencia explícita, puesto que por tamaño y por performatividad nos empuja como un rodillo. Es paradójico, por ello, pensar en su posible sincronía con un concepto del mundo caracterizado por intercambios sociales, simbólicos o microeconómicos, pues éstos se pueden dar sólo en un espacio bidireccional y político que en nuestra época resulta interior al universo aéreo de circuitos invisibles. Tal espacio de intercambio pertenece más bien al estrato interior de este universo, a una especie de invernadero y de micromundo contenido entre los anillos del universo globalizado, y donde se dan unas relaciones de resistencia implícita y el desarrollo de un mundo vivo en cautividad que funcionan según unas posibilidades casi estrictamente materiales.
 
Andreas Siekmann

Los activistas políticos contemporáneos y muchos artistas han dejado a un lado el viejo proceso representativo y simbólico que armaba a la sociedad con recursos de contradiscurso, guerrilla representativa y herramientas de liberación existencial, y buscan hoy con todos sus esfuerzos encontrar los puntos en que se producen las fricciones y donde pueda hacerse visible aquello que parece no poder verse, para poder articular en la medida de lo posible un ejercicio de resistencia que rearticule o bloquee los desplazamientos y en alguna medida contenga sus consecuencias. Es una lucha más física que representativa. Y esto parece conseguirse en algún caso, aunque casi siempre sólo en un ejercicio descriptivo que aporta el conocimiento de los movimientos de redes y de muchos de sus circuitos, y en algún caso los escenifica, pero finalmente sufre de hecho los propios desplazamientos resultantes.

Sandra Balsells

El activismo, a pesar incluso de las redes sociales de internet, es también víctima de la exclusión del intercambio comunicativo y simbólico, de la marginación social, la vigilancia y la puesta en cuestión por los otros, de la eliminación de ayudas o la colaboración con instituciones, del silencio. Sus desplazamientos son idénticos en escala a los de la expulsión del territorio, las migraciones, los campamentos de refugiados, las poblaciones fuera del mundo laboral y del trabajo, la exclusión de la salud y de la educación, el desalojo de la vivienda, entre otros. En todos estos casos, el mundo de facto parece resuelto, y un ejemplo de ello es el mecanismo de los gobiernos y de las grandes corporaciones económicas ante la actual crisis mundial, que no dejan de demostrar unos efectos cada día más visibles sólo a posteriori y en los cuales sus movimientos, sobre todo estructurales, legislativos y legales, cada día son más inamovibles, innacesibles e invisibles. No parece claro que la crisis sea una mera vuelta al mundo de los intercambios directos con la fuerza de trabajo, o al resurgimiento de la guerrilla simbólica, es decir, el regreso del circuito invisible a su centro terrenal. Más bien parece un nuevo estrangulamiento suicida de su estilo cableado.


Andreas Siekmann


Resta por saber si con el activismo de la visibilidad, de las redes y de la descripción se pueden confeccionar resistencias hábiles, y cual es el papel del individuo y de la sociedad articulada en la confección y en la aplicación de las cuñas que pueden con él introducirse, al menos en el cruce, los pliegues y el terreno interior de los grandes desplazamientos que nos enmarcan. No queda nada clara la respuesta final que puede dar la sociedad, ni desde el punto de vista de la conciencia de todo un ejército de nuevos supuestos emprendedores, de nuevos aprendices de empresario y de nuevos intermediarios, clientes o trabajadores salvados por el momento, ni por supuesto desde el punto de vista de una sociedad cada vez más pauperizada, desarticulada, desescolarizada, aculturizada y expuesta a futuros problemas de salud, alimentación y vivienda. La actividad, no obstante, no puede parar, sigue siendo necesario poder visualizar aquello que condiciona nuestra vida cotidiana, nuestro presente y nuestro futuro, al menos mientras el baile continúe.

Andreas Siekmann
Mientras todo eso pasa y nos traspasa, no quiero dejar de reseñar algunos ejemplos de arte contra la invisibilidad con los que podemos interactuar hasta el mes de enero en Trabajo, poder y control, avance de la exposición que se completará el día 7 de noviembre con Episodios críticos (1957-2011). Colección MACBA. La actual muestra sobre trabajo, poder y control se vincula con la segunda globalización de los años ochenta, con su profunda transformación del trabajo, las comunicaciones y las relaciones sociales y de poder. En aquel momento, comenzó una cadena de transformaciones con efectos directos, aunque no visibles en toda su extensión, en la vida de los individuos de todo el mundo, hasta el punto de que las sociedades y sus sistemas de relación cambiaron radicalmente mientras se construía un nuevo escenario de control global. Trabajo, poder y control está dedicada a algunas formas de arte que reflejan la intersección entre los modos de producción y la vida en el capitalismo avanzado. Podemos destacar entre otros, el trabajo de Andreas Siekmann, su denuncia de los mecanismos de control vigentes en las ciudades contemporáneas, el intento por mostrar cómo la invisibilidad del poder se interioriza y traslada a múltiples colectivos disfuncionales que, tras un ejercicio de limpieza, quedan excluidos y desplazados por los mecanismos de producción, organización y comunicación de la sociedad. La economía y el poder contemporáneos adquieren la forma de una invisibilidad que se interioriza en los cuerpos como últimos puntos de fricción por colonizar.
 
Andreas Siekmann
Así mismo, puede destacarse el trabajo de Krzysztof Wodiczko, que ofrece una instalación muy vistosa sobre el nuevo régimen social del miedo a partir de una célebre frase que circuló en Nueva York después del 11-S: «Si ves algo, comunícalo»; en este caso, la invisibilidad interiorizada acoge un dispositivo de autovigilancia que detecta por instantes a todo aquel que tienda a ser visible o roce con la estructura de circulación, de modo que sea finalmente excluido e invisibilizado y todo vuelva a la oscuridad inicial.

Krzysztof Wodiczko
Por su parte, Sandra Balsells da visibilidad fotográfica a todo un universo alejado del conocimiento común del ciudadano medio, el ámbito de esos nuevos ejecutivos, formados en grandes instituciones privadas de negocios, que hoy toman decisiones relevantes y funcionan con una mirada superficial, esquemática, fría, aséptica e impersonal del mundo de las relaciones sociales y personales que los sustenta. Un mundo de invisibles que forman su propia red aislada y limpia de toda interacción con la sociedad en general. Y en un espacio central de la exposición, Allan Sekula contrasta las invisibilidades de la sociedad y del poder y retrata y pone rostro a oficios que están a punto de extinguirse en distintos puntos del planeta, trabajos que destacan por su permanencia en la historia humana y que no podríamos imaginar fuera del mundo, ni siquiera en un mundo gobernado hipotéticamente por transacciones inmateriales. Marineros, herreros, mineros, enterradores y vendimiadores ejemplifican las consecuencias de los cambios económicos en las personas, pero también el hecho de su permanencia y su entidad como puntos de fricción calientes en el circuito frío de las relaciones inmateriales que no vemos.

Sandra Balsells

 
Allan Sekula






 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Estas imágenes de rostros humanos se confrontan con la vieja tradición de la escultura moderna, asociada al mismo tiempo al obsoleto modelo de industria pesada, con obras de Richard Serra, Jorge Oteiza y Eduardo Chillida, Sergi Aguilar, Jaume Plensa y Susana Solano, entre otros, un trabajo escultórico que se centra en la materia y en las condiciones que la hacen posible, y que, lejos de mostrarse aislado como monolito y modelo de intercambio simbólico, aparece agrupado y acumulado en un conjunto que simula haber sido desplazado hacia un rincón del circuito, fuera de los verdaderos procesos de transacción, que no de intercambio, contemporáneos. Finalmente, la reflexión en torno a los viejos y nuevos sistemas de producción también está presente en los trabajos fílmicos de Nestor Basterretxea, Marcelo Expósito y Falke Pisano, así como en Marc Pataut. Son artistas que reflexionan sobre el enriquecimiento, el paisaje industrial y la desaparición de los conflictos obreros.
 
Marc Pataut
 
La exposición continúa y el próximo día 7 se amplía con la inauguración del resto de la muestra Episodios críticos (1957-2011). Colección MACBA, en este caso con obras que contextualizan los antecedentes de la crisis sistémica global, los temas de la construcción del sujeto en entornos de desorden, el narcisismo y el fetichismo, y la reflexión sobre el eterno problema de la representación individual y el trabajo colectivo.  

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nos encantaría conocer tu opinión o tus comentarios sobre esta entrada. ¡Anímate a intercambiar tus ideas!