Aprovecho una curiosa coincidencia con una pieza de mi amigo Juan Carlos Estudillo, y a cambio le ofrezco un poema semiabandonado entre mis papeles, para que lo combine con su trabajo. Su rizoma me convence. Espero que sepa disculparme por este atropello de espigador de la memoria aficionado. Aprovecho para agradecerle sus últimas iniciativas y para romper con todos vosotros mi silencio de meses en el blog.
Otro día podré observar
las rosas
abrir sus labios sin prisa.
Escucharé el tranquilo silencio
de unas ventanas sin límite.
Otro día será:
veré el sueño diluido
al amanecer el balcón helado.
Alcanzaré la suavidad
de unos rayos
de sol.
Y unas voces en el patio.
(Cualquier día llegará la primavera
y pasearé por el parque,
las hojas de mis libros se colgarán de los árboles.)
Otro día será,
las calles levantarán sobre mí
ese vapor helado
en que todo sucede despacio,
soñarán mis manos muertas
con el camino mágico,
caerán las hojas de los árboles,
al suelo,
y sobre ellas escribirá dulce el tiempo.







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