lunes, 27 de diciembre de 2010

Juan Carlos Estudillo. Obrint portes 2005-2010


Frente a estos eriales
El primer contacto con la obra de Juan Carlos Estudillo, Frente a estos eriales, nos propone una inmediata impresión material, contrastada por unos efectos de tipografía de intenso lirismo literario-clásico. La sutil mezcla llama la atención: unos textos que parecen surgir de la naturaleza misma de las capas pictóricas, o morir en ellas, como si de legajos confundidos con la tierra se tratara. Así, su obra muestra un fuerte trabajo de preparación, y una versatilidad de técnicas que revelan su apuesta experimental.
       (Conversando con él, afina mi idea en ese punto, diciéndome que, «sin abandonar una necesidad profunda de experimentación individual», su técnica se adapta a la temática según «la necesidad del oficio y el relieve de la calidad plástica», algo que parece suavizar ligeramente el azar en su trabajo, pero sobre lo cual bromea confesando que se siente «un pintor antiguo», aunque en su plástica se aprecie un importante lado heterodoxo.)
       La realidad es que su motivación impone, en el curso de la traducción pictórica de sus temas, un rico proceso de búsqueda de las técnicas más apropiadas, tanto como una inesperada resolución de los problemas que, en consecuencia, sus elecciones le van planteando. Juan Carlos Estudillo afirma que esta aventura tal vez sea una forma de «expresionismo», de voluntad «humanista o existencial», algo que queda perfectamente recogido en uno de los títulos de sus anteriores exposiciones: «Anábasis», propuesta que le llevó a un viaje, desde la costa imaginaria o conceptual de sus temas, hacia el interior, hasta la materialidad emergente que el mismo viaje creativo le iba mostrando, y que le muestra, en el desarrollo de su propio proceso artístico.

Anábasis IV
      Pero, entrando más en detalle en su obra, en sus primeros trabajos de pintura sobre estopa de arpillera, ampliados en otras series a otros tipos de materiales de soporte, puede apreciarse un ejemplo de esta combinación de temática, de experimentación y de resolución de problemas. Con esta técnica afronta un intento de inversión de la base pictórica, el lienzo, que pasa de ser receptáculo a proponer una emergencia de texturas, una interacción del fondo con los diferentes pigmentos que el artista mismo elabora y le impone. Un juego de fuerzas. Tenemos, así, una suerte de renacimiento de la materia en unos relieves casi orogénicos, como si de capas terrestres se tratara. Una emoción casi orgánica que se impone a la superficie que lo moldea. Una emoción que se aprecia también en sus grabados y dibujos, que tienden, eso sí, a una cierta apertura a las siluetas y las formas corporales.
 
Huérfana anhelante

       Así mismo, igual que la materia se revuelve contra los pigmentos y las capas de pintura, la apuesta de su obra se lanza a una autorreflexión y a un replanteamiento conflictivo de sus temas. Uno de ellos es la comunicación, la fractura que nos separa irremediablemente entre sí, en un nítido cortocircuito del conocimiento (por hipervisibilidad, hiperabundancia y transparencia) y en un corte del reconocimiento (ruido, vacío e incomprensión comunicativa). Del mismo modo que la escritura lucha contra sí misma en la poesía, la pintura lucha contra la dimensión paradójica del lenguaje visual, que como medio nos socializa y a su vez nos aísla, repleto de palabras vanas y de imágenes superficiales. Las estructuras y los usos rígidos coartan o imposibilitan nuestros modos de aprehender lo que nos rodea, y bloquean nuestras posibilidades; los principios de comunicación fracturan la comunicación misma, y el peligro del desencanto nos acecha. ¿Puede darse un intercambio equilibrado? En Huérfana anhelante, las formas de comunicación superficiales enlazan con un campo social abandonado, con un desierto yermo donde termina por emerger la violencia.
 

Violencia

       Así, la acción de los medios de comunicación completa esa violencia superponiendo un control que opta por administrar la tensión de los cortocircuitos visuales, fracturando la posibilidad de ser de otras estructuras comunicativas que los superen. Sobre el fondo matérico, territorio potencial de la comunicación, dinámico y metafóricamente orgánico, en el que sobrevive latiendo el azar, se sobreponen unas estructuras de carácter geométrico, rígidas, que de forma progresiva van ocupando todo el espacio. Estas estructuras son una continuación de las que cortocircuitan la comunicación, pero ahora contaminan la propia dinámica de la representación, y su dialéctica, y suponen una violencia organizada, supeditada a las estructuras y las lógicas.

Encara hi ha camins
(Poesia)
       En este mapa, la propia inmanencia enredada en su fondo matérico es la que marca las diferencias entre las estructuras de orden y coerción y el ritmo de fuga de la materia. Es el encuentro territorial de unas sensaciones y unas emociones que buscan la salida de esta estructuración cerrada. La curvatura de su pincelada intenta recuperar «el eco, el arrullo, el rumor, el cauteloso susurro, la tenue calma que encuentre un breve descanso en ese erial, y eleve la melancolía hasta la superficie de los pliegues íntimos compartidos». En Encara hi ha camins II (Utopía) y Encara hi ha camins (Poesía), ensaya la posibilidad de encontrar caminos donde comunicarse, aunque éstos ya hayan sido transitados, apunta la posibilidad de una fuerza que abra frágiles caminos a la esperanza mediante la poesía, la belleza («su idealidad, el lirismo que suscita su sentimiento hondo, manifiesto o no en el lenguaje») y una comunicación más allá de la estrictamente funcional. Una poesía-belleza que se encuentra en lo simple, lo modesto, lo austero y lo efímero del pasado, evanescencia que apuntala el destino que todos compartimos.

Sucede que me canso
de ser hombre
       Y esta poesía, en su Anábasis, finalmente encuentra a la comunidad, la ciudad. «Podem i volem conèixer-nos», exposición de 2008, fue un proyecto de conexión comunicativa con el público y un trabajo en común en interacción con otro artista: Rafael Barba. El proyecto se originó a partir de una idea básica consensuada y de un primer cuadro en común. La experiencia despertó el anhelo de indagar sobre este campo de trabajo y hacerlo extensivo a más personas, y se materializo en una exposición. En el proyecto, ambos profundizaron en un conocimiento mutuo, y enriquecieron las perspectivas individuales, generando acuerdos tanto en el plano plástico como conceptual. Pudieron formalizar una acción comunicativa que ellos mismos verbalizaron con una frase del filósofo esloveno Slavoj Žižek: «El ‘muro del lenguaje’ que me separa eternamente del abismo del otro sujeto es a la vez lo que abre y sostiene este abismo». La obra Sucede que me canso de ser hombre, propone, en ese sentido, la posibilidad de un uso lingüístico pervertido, pero también la posibilidad de llevar a cabo un intercambio comunicativo más allá de los intereses particulares. El uso último del lenguaje lo determina el ser humano en su interacción pública.

      Precisamente esta posibilidad encaja en su última propuesta colaborativa, en la cual se ha acercado al territorio de la intimidad de los objetos y los artistas de la convocatoria del Quelcom’10, dedicada a la Privacidad. Su propuesta vuelve a enfrentarse con el problema de las temáticas comunicativas, ahora desde el trabajo colectivo. La idea, darle la vuelta a procesos comunicativos que distorsionan la intimidad, afronta el banco incierto de imágenes de Internet para apropiarse de fotografías íntimas, cruzadas por las mismas líneas de orden que paralizan su materia pictórica, y encontrar su lugar poético y su utopía. Las representaciones de la imagen pública de nuestras actitudes o situaciones privadas, esas imágenes de intimidad colgadas en un sitio público, necesitan ser de nuevo ocultadas, dotadas de nuevo del misterio de su íntimidad. Y en sus últimas piezas vuelven a una intimidad creada subjetivamente, retrabajada. El medio elegido para reproducirlas no podía ser el original de la fotografía: «No quería trabajar la esencia realista, fotográfica, sino los contornos de las figuras, su mancha abstracta». El gofrado le permite jugar con la ambigüedad de modo más sutil: el espectador tiene que esforzarse para reconocer la imagen, acercarse a ella, romper el espacio íntimo, en un movimiento que lo seduce. Pero el formato es también pequeño, para mantener al espectador a distancia y obligarle a «establecer una relación más íntima con el objeto».


«Obrint portes 2005-2010»
14 de enero / 27 de febrero.
Espai 1. Santa Perpetua de Mogoda

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