Bueno, a todos los que más o menos habéis estado al tanto de nuestra actividad de los últimos tiempos, quiero comunicaros que por fin hemos concluido felizmente nuestro primer proceso de adopción internacional. Hemos estado en Montería, ciudad de la región de Córdoba, Colombia, con sabor a vallenato y un caos que no tiene nada que envidiarle a Calcuta, tamizado, eso sí, por un paisaje de sombreros tejidos por indígenas y cientos de bicicletas con entre dos y tres pasajeros repartidos entre las dos ruedas. Puro Caribe con jugo al agua de guayaba y mucho húmedo caloor. Hemos vivido allí unos veintiséis intensos días, y hemos rematado en la dorada y alta Bogotá. Espero que ésta no sea nuestra última adopción, y animo a todos los que en algún momento habéis pensado en esta posibilidad de ampliar vuestro modelo de familia a que no renunciéis a ello, puesto que cualquier larga espera o cualquier obstáculo se desvanece ante la tremenda descarga de emociones, lágrimas, incertidumbres y recompensas que pueden llegar a recibirse. Y da toda la impresión de que no hemos hecho nada más que empezar. Por eso, me parece que, como dice el famoso bolero, “para querer, no se necesitan motivos, sino mucho, mucho corazón”.
Quería recuperar un trozo de vida herido por la indiferencia del mundo, y he recibido una oleada de no pocas sorpresas, desde el primer día. Tengo un interés egoísta en el mundo, tal vez demasiado desprendido e ingenuo (según los que sobrevaloran la sangre). Pero el regalo más preciado ha sido una niñita dura que se me hace de rogar, orgullosa frente a la modesta opulencia del aficionado a la pedagogía, y desprendida para mostrar los secretos de lo humano, por infante y por sentida, fuera de biologías. Éste es el verdadero mensaje: «¿Quieres ayudarme? Pues espera a que lleguemos hasta el fondo de mi historia. Mientras tanto, te regalo un beso y te ofrezco el privilegio prestado de cuidarme».







!Mi sincera enhorabuena!
ResponderSuprimirMis más sinceras felicitaciones. Tengo ganas de veros. Un abrazo ¡molt fort! para los tres. Miguel-on
ResponderSuprimirTomás, Eva, mi felicitación sincera, que os llega en este momento desde lluviosas tierras portuguesas. Emotivo tu relato, Tomás, y henchido de sentimientos difíciles de compartir cuando no se ha tenido esa experiencia. Pero a buen seguro que llenos de felicidad, de esa felicidad que supone un cambio tan profundo de vida, de convertirse de pronto en tres..., de haber conseguido lo que deseabais.
ResponderSuprimirUn abrazo, hemos de vernos pronto.
Albert