domingo, 25 de enero de 2009

La esperanza, una eterna lámina entre dos panes

Argelino, servidor de dos amos, por Animalario
Carlo Goldoni (1707-1793) fue fundador de la Commedia dell’arte y uno de los pioneros de la comedia moderna. Arlecchino, servitore di due padroni se estrenó en Venecia en 1745: Goldoni enredó diálogos rápidos en problemas intemporales, introduciendo en escena personajes tipo como el mercader, el doctor, el posadero, los amantes y el criado. El Trufaldino de Goldoni era un inmigrante en Venecia llegado desde los valles de Bérgamo, puesto al servicio de dos patronos al mismo tiempo y víctima de un cruce de equívocos, engaños, peleas amorosas y conflictos generacionales, en una mezcla de intereses.

Si bien Arlequino revelaba la lucha de clases, la dificultad de vivir en un mundo de amos y criados, Argelino revela la miseria y la podredumbre de nuestro tiempo: la indiferencia ciega y egocentrista hacia los inmigrantes en el preciso espacio interior de la sociedad occidental contemporánea. Después de 264 años, el Arlequino-Argelino nos sigue ofreciendo la posibilidad de reflexionar sobre la destrucción del ser humano por el ser humano, apoyada ahora en la coartada de un realismo cínico que cuesta imaginar por qué dura tanto tiempo en desaparecer: «El mundo ha alcanzado el estado óptimo de su desarrollo, sin dolor, sin hambre, sólo los “necesarios”. Si a mí me ha tocado llevar adelante un verdadero y necesario proyecto familiar, logrado con mi esfuerzo, ¿por qué tendría que dejarme caer más abajo, descender? La culpa de lo que pasa no la tienen los seres humanos, sino Dios, o el sistema. No somos perversos, es lo que hay, cuanto más libre es el sistema, más real es».
Decía Darío Fo que los desgraciados y los abandonados provocan resentimiento y desprecio, que son víctimas de la burla y se vuelven chivos expiatorios, como toda minoría indefensa: no hablan bien la lengua de la ciudad, tienen hambre y mueren por ella, son desastrosos, y sus mujeres aceptan los peores trabajos, incluso los más perversos. El drama pervive aplastado como una simple loncha de embutido entre los diferentes panes de la riqueza y el poder, entre los discursos duales de sus amos y sus falsos y cínicos pseudoenfrentamientos. Las fuerzas del poder sólo se asustan sin eliminarse, en su propia competición interna, dentro del juego perverso del terror, pero los comparsas sí, y siempre, son los que reciben el fuego. Argelino es el mensajero que, a punto de ser asesinado siempre, intenta mediar, cerrar cualquiera de esas cartas que sus amos abren para poder vigilarse entre ellos, el que limpia sus cadáveres y cuida sus enfermos, el que intenta alcanzar los platos antes de que se rompan al caer al suelo. Es el acordeón o la peonza que va dando tumbos en el circo del salón, alrededor de la mesa de reuniones o en el interior de la celebración occidental. Es el querido comparsa que sólo quiere comer, que sirve a sus dos amos con la esperanza de conquistar un territorio intermedio que le dote de carta de ciudadanía, para evitar no caerle mal a nadie, y que al final sólo cobra de los dos amos el salario de su tortura. No sabe que se tragará inevitablemente esa miga humedecida antes de poder usarla como pegamento, porque el hambre realiza inevitablemente un ejercicio de justicia poética, y a la vez muestra su realidad: comerse los propios medios de producción como combustible, eliminar al resto de los frágiles, comerse en último extremo a sí mismo.

Esta fuerte crítica ya fue hecha en su momento por Bertolt Brecht, pero creo que en esta nueva adaptación de Animalario se nos muestra una contundente y fuerte evidencia: Argelino recoge la utopía y la esperanza en el pasado y en el futuro de Occidente. Cuando en el primer mundo se desecha ese proyecto por parte de sus herederos, los extranjeros lo renuevan repetidamente con la esperanza de pertenecer a él desde su llegada, y, lo que es más contundente, con la esperanza de poder darle un lugar más allá de la decadencia, el cinismo y la farsa de sus fundadores. Tenemos, así, a un Saturno que devora a sus hijos adoptivos, y a unos hijos adoptivos que perseveran en obligarlo a que los deje salir de su panza.
Obra original de Carlo Goldoni
Argelino Servidor De dos amos, por Animalario
CALENDARIO [Gira 2009]
ENERO [2009]
Sábado 17. Narón  Domingo 18. Orense Viernes 23. Badalona
Sábado 24. L´Hospitalet Domingo 25. Manresa Viernes 30. Sant Cugat
Sábado 31. Badalona
FEBRERO [2009]
Domingo 1. Viladecams Viernes 6. Tarragona Viernes 20. Venecia
Sábado 21. Venecia

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